30 frases auténticas de san Agustín para la Navidad

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Provincia Santo Tomás de Villanueva |Te dejamos una colección de 30 frases originales de san Agustín para que dediques en esta Navidad.

Se trata de frases originales que sí pertenecen al obispo de Hipona.

  1. «Llenaos de gozo vosotros, los justos: ha nacido el que os justifica. Alegraos los débiles y los enfermos: ha nacido el que os sana. Alegraos los cautivos: ha nacido el que os redime. Alegraos los siervos: ha nacido el Señor. Alegraos los hombres libres: ha nacido el que los libera. Alegraos todos los cristianos: ha nacido Cristo» (s. 184,2)
  2. «Gobernaba con su poder a la madre, a la que estaba sometida su infancia, y alimentaba con la verdad a aquella de cuyos pechos mamaba. Lleve a término en nosotros sus dones el que no desdeñó asumir también nuestro comienzo, y nos haga hijos de Dios el que por nosotros quiso ser hijo del hombre» (s. 184,3)
  3. «Festejamos anualmente, pues, el día en que se cumplió la profecía que proclama: La Verdad ha brotado de la tierra y la Justicia ha mirado desde el cielo. La Verdad que mora en el seno del Padre ha brotado de la tierra para estar también en el seno de una madre. La Verdad que contiene al mundo ha brotado de la tierra para que la lleven manos de mujer» (s. 185,1)
  4. «¡Despierta, hombre; por ti Dios se hizo hombre! ¡Despierta, tú que duermes y levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará!» (s. 185,1)
  5. «Una vez nacido de una virgen el Señor, cuyo nacimiento celebramos hoy, resonó el canto angélico: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. ¿A qué se debe que haya paz en la tierra sino a que la Verdad ha brotado de la tierra, es decir, a que Cristo ha nacido de la carne? Él es también nuestra paz, que de dos pueblos hizo uno, para que seamos hombres de buena voluntad, dulcemente unidos en el vínculo de la caridad» (s. 185,3)
  6. «¿Pudo brillar para nosotros mayor gracia de Dios? Teniendo un hijo unigénito, lo hizo hijo del hombre, y del mismo modo, pero a la inversa, hizo hijo de Dios al hijo del hombre. Busca el mérito, busca el motivo, busca la justicia, y ve si encuentras otra cosa que no sea la gracia» (s. 185,3)
  7. «Que se alegre el mundo en las personas de los creyentes, por cuya salvación vino el creador del mundo» (s. 187,4)
  8. «El creador de la tierra fue hecho en la tierra; el creador del cielo fue creado bajo el cielo. Él es el Día que hizo el Señor, y el Señor mismo es el Día de nuestro corazón. Caminemos en su luz, alegrémonos y gocémonos en él» (s. 187,4)
  9. «Mira, ¡oh hombre!, lo que Dios se hizo por ti; reconoce la enseñanza de humildad tan grande del maestro que aún no habla» (s. 188,3)
  10. «La Verdad ha brotado de la tierra. Estabas dormido y vino hasta ti; roncabas, y te despertó; te hizo un camino a través de sí para no perderte» (s. 189,2)
  11. «Que se haga presente en nuestros corazones su misericordia. Su madre lo llevó en el seno; llevémoslo nosotros en el corazón; la virgen quedó grávida por la encarnación de Cristo, estén grávidos nuestros corazones de la fe en Cristo; ella alumbró al salvador; alumbremos nosotros la alabanza. No seamos estériles: dejemos que nuestras almas las fecunde Dios» (s. 189,3)
  12. «Se dignó hacerse hombre, ¿qué más quieres? ¿O se humilló Dios poco por ti? El que era Dios se hizo hombre. Estrecho era el establo; envuelto en pañales, fue colocado en un pesebre. Lo escuchasteis cuando se leyó el evangelio. ¿Quién hay que no se admire? El que llenaba el mundo no encontraba lugar en el establo; puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (s. 189,4)
  13. «No le hizo a él feliz el día en que nació; al contrario, fue él quien hizo agraciado el día en que se dignó nacer. Pues el día de su nacimiento encierra también el misterio de su luz. Así dice el Apóstol: La noche ha pasado y ha llegado el día; arrojemos las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz y caminemos honestamente como en pleno día» (s. 190,1)
  14. «Celebremos, por tanto, ¡oh cristianos!, no el día de su nacimiento divino, sino el de su nacimiento humano, es decir, el día en que se amoldó a nosotros, para que, por mediación del invisible hecho visible, pasemos de las cosas visibles a las invisibles» (s. 190,2)
  15. «Anunciemos en los pueblos su gloria, en todas las naciones sus maravillas. Yace en un pesebre, pero contiene al mundo; toma el pecho, pero alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, pero nos reviste de inmortalidad; es amamantado, pero adorado; no haya lugar en el establo, pero se construye un templo en los corazones de los creyentes. Para que la debilidad se hiciera fuerte, se hizo débil la fortaleza» (s. 190,4)
  16. «Sea objeto de admiración su nacimiento en la carne antes que de desprecio, y reconozcamos en el tan gran excelsa humildad por nosotros. Encendamos en ella nuestra caridad para llegar a su eternidad» (s. 190,4)
  17. «Se hizo hombre quien hizo al hombre. De esa manera toma el pecho quien gobierna los astros; siente hambre el pan, sed la fuente; duerme la luz; el camino se fatiga en la marcha; falsos testigos acusan a la verdad, un juez mortal juzga al juez de vivos y muertos, gente injusta condena a la justicia; la disciplina es castigada con azotes, el racimo coronado de espinas, la base colgada de un madero; la fortaleza aparece debilitada, la salud herida, la vida muerta» (s. 191,1)
  18. «Lo que admiráis en la carne de María, realizadlo en el interior de vuestra alma. Concibe a Cristo quien cree en su corazón con vistas a la justicia; le da a luz quien con su boca lo confiesa con la mirada puesta en la salvación» (s. 191,4)
  19. «Hoy la Verdad ha brotado de la tierra, Cristo ha nacido en la carne. Llenaos de un gozo festivo y, advertidos por el día de hoy, pensad en el Día eterno; desead con esperanza firmísima los dones eternos; presumid de ellos una vez que recibisteis el poder ser hijos de Dios» (s. 192,1)
  20. «Para hacer dioses a los que eran hombres, el que era Dios se hizo hombre; sin dejar de ser lo que era, quiso hacerse lo que había hecho» (s. 192,1)
  21. «Maravilloso es este poder, pero aún hemos de admirar más la misericordia, gracias a la cual quien pudo nacer así, así quiso nacer» (s. 192,1)
  22. «Todos, pues, en unidad de espíritu, con pensamientos puros y deseos santos, celebremos el día del nacimiento del Señor; día en que la Verdad ha brotado de la tierra» (s. 192,3)
  23. «Con su misma llegada, sin hablar, pero con una especie de gran clamor, nos exhorta a que aprendamos a ser ricos en él que se hizo pobre por nosotros; a que recibamos la libertad en quien tomó la forma de siervo por nosotros; a que poseamos en el cielo a quien por nosotros ha brotado de la tierra» (s. 192,3)
  24. «Gloria a Dios en los cielos, y paz a los hombres de buena voluntad. Palabras de fiesta y de enhorabuena no solo para la única mujer cuyo seno había dado a luz al niño, sino también para el género humano, en cuyo beneficio la virgen había alumbrado al Salvador» (s. 193,1)
  25. «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Meditemos con fe, esperanza y caridad estas palabras divinas, este cántico de alabanza a Dios, este gozo angélico, considerado con toda la atención de que seamos capaces. Tal como creemos, esperamos y deseamos, también nosotros seremos gloria a Dios en las alturas cuando, una vez resucitado el cuerpo espiritual, seamos llevados al encuentro con Cristo en las nubes, a condición de que ahora, mientras nos hallamos en la tierra, busquemos la paz con buena voluntad» (s. 193,1)
  26. «Escuchad lo que ya sabéis, recordad lo que escuchasteis, amad lo que creéis, anunciad lo que amáis. Puesto que celebramos este día aniversario, esperad el sermón que él se merece. Ha nacido Cristo: como Dios, del Padre; como hombre, de madre; de la inmortalidad del Padre y de la virginidad de la madre» (s. 194,1)
  27. «De los mismos ángeles son las palabras que escuchamos hoy y que profirieron llenos de gozo cuando nos nació el Salvador: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Si ellos lo alaban debidamente, alabémoslo también nosotros obedientemente. Ellos son sus mensajeros, nosotros somos sus ovejas. En el cielo llenó la mesa para ellos, en la tierra llenó nuestro pesebre. Para ellos es mesa llena de alimentos, porque en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; para nosotros es pesebre lleno, porque la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (s. 194,2)
  28. «Para que el hombre pudiera comer el pan de los ángeles, se hizo hombre el creador de los ángeles. Ellos lo alaban viviendo, nosotros creyendo; ellos gozando, nosotros pidiendo; ellos comprendiendo, nosotros buscando; ellos entrando, nosotros llamando a la puerta» (s. 194,2)
  29. «Haciéndose hijo del hombre el Hijo único de Dios, convierte en hijos de Dios a muchos hijos de los hombres, y nutriendo, mediante la forma visible de siervo, a quienes son esclavos, los hace totalmente libres para ver la forma de Dios. Somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es» (s. 194,3)
  30. «Hasta que esto suceda, hasta que nos muestre lo que nos baste, hasta que bebamos y nos saciemos de él, fuente de la vida; mientras, caminando en la fe, peregrinamos hacia él, mientras sentimos hambre y sed de justicia y deseamos con indecible ardor la hermosura de la forma de Dios, celebremos con auténtica devoción su nacimiento en la forma de siervo» (s. 194,4)
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