La vocación de Danilo: una historia de búsqueda y encuentro

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Fray Danilo | En el último 12 de agosto, he completado 4 años de vida religiosa en la Orden de Agustinos Recoletos; pero esa historia empezó a muchos años hacia atrás. Voy a compartir los puntos más importantes que me han conducido hacia la consagración como fraile agustino recoleto.

Mi historia empieza en marzo de 1991 cuando comencé a estudiar en la Obra Social Santa Rita, que es la guardería mantenida como obra social de la Provincia en la favela de Vidigal. En la guardería fueron sembradas algunas semillas en mi corazón, como las primeras oraciones y el cariño por la Virgen.

Yo me acuerdo que aprendíamos con las historias clásicas como: Blanca Nieves, La Dama y el Vagabundo, pero también aprendíamos con las historias bíblicas como Jonás y la ballena, David y Goliát y Adan y Eva. Después de la guardería hubo un tiempo de ruptura religiosa que retomé en 1998, cuando Fr. Juan Antonio Espejel, fue a mi escuela e invitó a los niños para que participen en la catequesis.

Así en marzo de 1998 mi familia y yo empezamos a frecuentar la Parroquia Santa Mónica en Leblon.  Después de la catequesis pasé por muchos grupos. Estaba en una búsqueda que a la que no sabría dar nombre. Pasé por el grupo de monaguillos: Alan Bruno y yo; después el grupo de música, post comunión, catequesis de confirmación, cursos en otros vicariatos, y retiros diversos; hasta que, en el carnaval de 2006, Fr. Miguel Hernández, llevo un grupo de jóvenes a hacer un retiro, en un campamento de 5 días. Fue un retiro intenso que dejó una profunda idea en mi corazón: vivir en la presencia de Dios o vivir en santidad.  

A partir de ahí mi búsqueda se intensificó y pasé por muchos grupos de diferentes carismas para encontrar una respuesta. Fueron muchos momentos de oración, compartir y reflexiones. Yo continúe mi vida. Fui a la facultad y trabajé. Un día mirando por la ventana de mi oficina de trabajo y viendo a las personas en las calles percibí que para continuar creciendo en mi trabajo tendría que dedicarme más tiempo y disminuir el número de actividades que me dedicaba en la iglesia, pero al mismo tiempo percibí que cuando estaba en la iglesia sirviendo y creciendo con mis hermanos, mi corazón se llenaba. Fue cuando me acordé de la cita del «joven rico», que recoge san Mateo.

Comencé a aceptar mi vocación que por mucho la había negado. Entré en contacto con Fr. Roam Ataíde, que, en mi adolescencia, insistía con el tema vocacional. Él me facilitó el contacto del promotor vocacional de la época y al mismo tiempo fui acompañado por mi párroco Fr. Juan José Ormazabal. Así el día 27 de julio de 2012, entré en el Seminario San Agustín para iniciar mi postulantado.

Hoy ya he terminado la etapa de la teología. Ahora estoy preparándome para empezar una nueva etapa en nuestra misión en la Isla de Marajó. Al mirar hacia atrás, en mi historia, percibo que ella no es solo mía. Además de ser un don de Dios. Es fruto de las obras sociales de la Orden. Es fruto de la oración de una comunidad que sueña con nuevas vocaciones. Es fruto de varios rostros anónimos que me han apoyado y han rezado por mí. En última instancia, mi vocación es fruto de la Iglesia.

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