Prior provincial: «No es posible que haya miles de personas muriendo en los hospitales cada día»

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Por Nicolás Vigo | Brasil | La pandemia provocada por el Coronavirus sigue dejando millones de muertos en el mundo entero; a pesar de que ya ha pasado más de un año del inicio de esta; no obstante, en algunos países está fuera de control, mientras que, en otros, ya hay indicadores que demuestran que se está controlando.

Sin embargo, ha dejado desolación, tristeza y mucho dolor en millones de familias que han vivido la pesadilla de cerca: sobrevivir a la infección del virus y perder a sus seres queridos.

El panorama actual aún es sombrío ya que la vacuna no abastece la demanda y, muchos países pobres, aún tienen que aguardar en la lista de espera y apelar a la solidaridad de la comunidad internacional.

Sobre este tema y la labor que han realizado los religiosos agustinos recoletos en este tiempo, conversamos con fray Miguel Ángel Hernández, Prior provincial de la Provincia Santo Tomás de Villanueva, de la Orden de Agustinos Recoletos.

TEXTO DE LA ENTREVISTA | Mirar en YouTube

  • Fray Miguel Ángel, la pandemia ha recordado al ser humano su fragilidad y la presencia de la muerte, ¿Cómo ha observado usted esta realidad?

La verdad es que la pandemia nos ha pillado desprevenidos. No imaginábamos que nos podríamos encontrarnos con un fenómeno mundial como este. Un evento que ha ido arrasando el mundo entero.

Yo, muchas veces, he sentido temor y no oculto mi miedo por el estrago que esta pandemia ha causado. Han sido momentos realmente muy duros. Yo creo que en este momento estamos en una situación muy peligrosa. Llevamos más de un año de pandemia a nuestras espaldas, y nos estamos acostumbrando a ella. Estamos perdiendo el respeto al virus; pensamos que si en un año no me ha pasado nada ya no me va a pasar nada; y creo que, eso nos puede encontrar con la guardia bajada y puede ser muy peligroso. Por ejemplo, aquí, en Brasil, están muriendo muchas personas, en estos últimos tres meses, que, en todo el 2020. Pido que sigamos cuidándonos, protegiéndonos porque si cada uno de nosotros se cuida protege la vida del otro.

Además, como decías en tu pregunta, al inicio creo que la pandemia nos ha puesto en nuestro lugar, nos ha hecho entender que somos muy poquita cosa. Un virus que solo lo conseguimos ver con un microscopio, ha puesto patas arriba a la humanidad y nos ha cambiado la vida, los hábitos, la manera de convivir y relacionarnos; realmente, creo que, si alguna cosa positiva podemos sacar de esto, es que debemos ser más humildes. No somos los Superman que pensábamos ni los dioses que nos imaginábamos. Somos muy poca cosa. Un poco de polvo…, un poco de barro, que, si Dios no sopla su espíritu sobre nosotros, nos acabamos rápidamente.

  • ¿Qué es lo que necesita el mundo en este tiempo?

Pues, comentando un poco a Santa Teresa de Jesús, yo creo que lo que el mundo necesita son «amigos fuertes de Dios». En este tiempo de pandemia, lo que se necesita son profetas de esperanza. Necesitamos contadores de estrellas: hombres y mujeres que nos transmitan un poco de esperanza y nos recuerden que, a pesar de todo, sigue valiendo la pena vivir; y que la vida es un don precioso que tenemos que cuidar y preservar en este tiempo de pandemia; asimismo, necesitamos hombres que hagan que los tiempos sean distintos, como decía san Agustín: «No son los tiempos los que hacen al hombre. Es el hombre que hace a los tiempos»; por ello, necesitamos hombres de esperanza, hombres que confíen, hombres centrados, hombres que coloque a Dios en medio de todo.

Necesitamos «amigos fuertes de Dios» que nos enseñen, que, con Él caminando de la mano, pasaremos por esta tormenta de una forma distinta; probablemente, el sufrimiento será el mismo e igual el dolor; posiblemente, saldremos quebrados, rotos; pero con Dios en nuestra vida, conseguiremos darle un sentido, a todo este aparente sin sentido, que estamos viviendo.

  • Todos los días vemos que aumentan las cifras de los muertos y que los sentimientos más primitivos del ser humanos salen a flote, ¿Cree usted que la humanidad ha crecido en tecnología, pero ha olvidado los valores y las otras actitudes positivas?

En realidad, es verdad lo que dices. A veces, estas situaciones sacan lo peor de nosotros. Estamos viendo una carrera por las vacunas. Es la ley del más fuerte. La ley del que más tiene. Ni siquiera, en momentos que la humanidad sufre lo mismo, no nos ponemos de acuerdo.

Cada uno va a lo suyo, inclusive dentro de los propios países. Cada región lo quiere hacer de forma distinta. No hay una voz única de comando, y realmente, lo que a mí me indigna es la memoria corta que tenemos. No es posible que haya miles de personas muriendo en los hospitales cada día. No es posible que haya miles de personas que no consigan una cama en un hospital; muchos están en los pasillos o dentro de las ambulancias o en las casas, porque no consiguen una plaza, porque no la hay. Ante esto, llama la atención que, muchos se vayan de fiestas y hagan concentraciones, botellones, bailes, fiestas privadas o discotecas; en verdad, no entiendo esa insensibilidad.  

Asimismo, no entiendo cómo podemos hacerlo, con todo lo que nos está rodeando. Parece que somos ciegos, que no conseguimos ver más allá de nuestros egoísmos y caprichos. Vivimos en un inmediatismo: que me apetece, lo que yo necesito, lo que me gusta; es que yo quiero disfrutar, pasármelo bien y no importa que, en el hospital, que tengo al lado de la fiesta, estén muriendo muchas personas por falta de oxígeno. Me decepciona ese pensamiento. Me deja muy triste. Yo sé que, en estos momentos extremos, el ser humano saca lo mejor y lo peor de uno mismo. Pero también, seguramente, tenemos testimonios preciosos de gente que, en estos momentos, lo están dando todo.

  • ¿Cómo los Agustinos Recoletos han ayudado a las personas a aminorar el dolor en este tiempo?

Los Agustinos Recoletos hemos contribuido en este tiempo de pandemia, ayudando a las personas que peor lo están pasando. En un primer momento, algunos centros y seminarios nuestros se pusieron a disposición del personal de salud; por ejemplo, en Maringá. Allí los médicos y enfermeras, se alojaban en el seminario para no ir a sus casas y así evitar contagiar a sus familias.

Después hemos tratado de hacernos presentes en las familias y los medios de comunicación. Algunos religiosos con mas creatividad que otros y con más presencia que otros. Esto ha dependido mucho de cada religioso, pero se ha hecho un esfuerzo muy grande a nivel de la Provincia, para seguir acompañando, evangelizando y haciéndonos presentes en la vida de las personas, en este momento de dolor y sufrimiento.

Además, a través de las cámaras, los móviles e Instagram hemos continuado siendo consuelo, compañía, presencia y animo; asimismo, hemos llevado un poco de esperanza, para tantas personas que lo necesitan; y por supuesto, aunque se han cerrado las iglesias durante mucho tiempo, lo que no se ha cerrado es la caridad. En toda nuestras parroquias, colegios y centros, hemos aumentado nuestra labor social.

También en este tiempo han aparecido muchas más necesidades. Mucha gente ha perdido el empleo, otros lo están pasando mal, porque han tenido que cerrar el pequeño negocio que tenían.

En ese sentido, los frailes se han volcado a través de campañas, canastas básicas y pequeños aportes, para que la gente pueda sobrevivir, día a día. Creo que podemos hacer un balance muy positivo de la presencia de nuestros frailes y de su actitud, en este tiempo de pandemia, con relación al pueblo que Dios nos ha confiado.

  • ¿Qué diría a las personas que han perdido a sus seres queridos?

Yo también he perdido a mi padre en esta pandemia. Me acuerdo que recibí un mensaje, cortito, pero muy profundo. Era el mensaje de una hermana religiosa. Ella me decía: «Miguel Ángel, ahora tú ya tienes raíces de eternidad». Yo nunca había pensado en esto, pero es verdad. Mis raíces, mis orígenes, que es mi padre, ya está en el cielo, trasplantado; en ese sentido, creo estoy un poco más cerca de Dios. No puedo desmembrarme o separarme de mis raíces y esas raíces están con Dios; y, en esa medida, yo también estoy un poquito más cerca de él.

A las personas que han perdido a sus seres queridos, les diría, que no culpen a Dios por estas cosas, mejor veamos esto como una oportunidad, para acercarnos más a Él. Yo creo que la pregunta que todos tenemos que respondernos es: ¿Qué es lo que Dios está queriendo con todo esto? Y, eso, solo cada uno de nosotros, lo puede responder.

  • Fray Miguel Ángel, ¿Saldremos de esto? ¿Venceremos?

Sí, saldremos de esto. Venceremos, como dice el refrán: «No hay males que duren mil años». Saldremos con certeza; tal vez saldremos más destruidos, más heridos y, a lo mejor, saldremos menos.

Y, me temo que saldremos sin la lección aprendida. Esto por lo que vamos viendo, porque en algunos países, están hablando de la quinta ola; y, a veces la ola siguiente es mucho más virulenta que la anterior.

Eso significa que no hemos aprendido las cosas básicas de la primera y segunda ola; por eso estamos desbordados en estos momentos. Entonces me gustaría que saliéramos más humildes, valorando más la vida. Me gustaría que saliéramos con un corazón más atento a las necesidades, porque lo estamos pasando mal; pero como digo, me temo que saldremos sin la lección aprendida. Ojalá salgamos mejores. Que todo esto nos sirva para saber cuál es nuestro lugar en el mundo.

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