Lo primero por lo que os habéis reunido en comunidad es para que…

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Fray Manuel Santana | Málaga| Hablar de la comunidad propia, en la que vives e intentas desarrollar y poner en práctica tu ministerio, es difícil y complicado porque siempre mis palabras estarán «manchadas» por mi subjetividad, por la forma en que yo entiendo lo que debe ser vivir en comunidad y mis juicios y valoraciones pueden ser diferentes a los de otro miembro de mí propia comunidad.

El tema se complica, aún más, porque, tal vez inconscientemente, tratamos de resaltar lo positivo y esconder o omitir lo menos positivo… pero el tema del artículo es «la comunidad» así que debo meterle manos a la obra, intentando ser lo más objetivo posible.

Esta comunidad, mía-nuestra y vuestra, está formada por cuatro miembros: P. José María (80 años), P. Quirino (73 años), P. Fernando (53 años) y, un servidor, P. Manuel (58 años).  Como veis la diferencia de edad no es demasiado grande, pero, sin duda sí lo es la formación que hemos recibido y la manera de entender lo qué es comunidad puede ser muy diferente entre los más mayores y los más jóvenes. A ello hay que sumarle que los mayores entraron en nuestros seminarios de niños y los más jóvenes son de vocación «tardía».  Esto hace, necesariamente, que nuestras opiniones, sobre el tema que nos ocupa, pueda ser muy diferente aunque debe coincidir en los pilares principales. 

            De todas formas, y como el primer apostolado es la comunidad, intentamos limar las diferencias, de edad y de mentalidad, para hacer de nuestra comunidad un verdadero «hogar» en el que priman las similitudes y nunca las diferencias. Este es el único camino para «construir» y hacer de nuestras diferencias una riqueza y no un muro de separación o división, aunque debo reconocer que a veces es bastante complicado.

            Estamos trabajando en una buena parroquia, en una ciudad que cuenta con casi veinte y cinco mil habitantes, pero enturbiada por la rivalidad «tradicional» entre las dos cofradías que imperan en el pueblo. Me atrevo a afirmar que, generalizando, la mitad del pueblo es de una cofradía y la otra mitad de la otra. Los «verdes» y «los moraos». En medio, por decirlo de alguna manera, está la patrona del pueblo: «Nuestra Señora de Gracia» y que ocupa el altar mayor de nuestra parroquia. Hablar de esta realidad seria «meterse en camisa de once varas» por lo que, prudentemente, dejo, simplemente, esta reseña.

            La actividad pastoral, aunque las circunstancias nos limitan, continúan. Hemos celebrado confirmaciones, pronto llegaran las primeras Eucaristías, seguimos bautizando, así como confesando y pronto llegaran también los matrimonios. Todos los días celebramos dos misas para evitar juntar mucha gente; los jueves tres, así como los domingos ya que desde aquí, desde Alhaurín el Grande, también llevamos la parroquia de una pequeña villa, llamada Villafranco. Caritas sigue trabajando: entregando alimentos y ropa. Todas las demás pastorales reciben su formación «on line».  Debemos resaltar la poca afluencia de jóvenes a la parroquia, casi siempre son señoras mayores las que acuden fielmente a la santa Misa.

            A veces, tenemos grandes dificultades para poder cumplir los protocolos sanitarios preventivos. Esta situación se da especialmente en estas fechas que estamos viviendo, la Semana Santa; pero también se da cotidianamente y en concreto cuando celebramos «la misa de mes» de algún difunto. Este pueblo, como me imagino que sucederá en muchas parroquias, es un pueblo de «entierros», quiero decir, que la gente viene a misa para cumplir con la familia del fallecido. Es triste comprobar que no saben las oraciones tradicionales y, mucho menos, responder cuando les corresponde. Sin embargo acuden a la iglesia creando, a veces, esos problemas de aglomeración con el peligro que eso conlleva.

            Así, en líneas generales, es la vida nuestra y la de nuestra parroquia; una parroquia “con una fe» algo distorsionada, pero que, sin duda, tiene cosas maravillosas porque contamos con un número, aunque sea reducido, de personas fieles que viven su fe de una manera seria y comprometida.

            Un saludo fraterno desde la costa malagueña y, por favor, cuidaros. Que el Señor resucitado derrame sobre vosotros todo tipo de gracias y bendiciones. Ojalá todos TENGAMOS UNA SOLA ALMA Y UN SOLO CORAZON DIRIGIDOS HACIA DIOS.

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