¿Una Semana Santa diferente?

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Manuel Santana | (Las ilustraciones son cuadros pintados también por Manuel Santana) | Un saludo fraterno a todos los lectores y mis mejores deseos. Que el Señor os bendiga siempre y derrame todo tipo de bendiciones y gracias sobre cada uno de vosotros.

Estamos cansados, y hasta aburridos, de escuchar esas palabras que dan nombre a este artículo: «Una Semana Santa diferente». ¿Será verdad? ¿En qué sentido va a ser diferente?

De estas premisas vamos a sacar la reflexión que nos va a ocupar hoy y que espero que nos ayude a que esta Semana Santa no sea tan diferente como nos cuentan:

  • Será que vamos a dejar de vivir, actualizar y experimentar la Pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo?
  • No vamos a celebrar la institución de la Eucaristía, de la Iglesia o del sacerdocio?
  • Vamos a olvidar que Cristo resucitó mostrándonos el destino que nosotros podemos tener si cumplimos su voluntad y sus mandamientos?

La Semana Santa será siempre el centro y el culmen de nuestra vida cristiana porque en ella vemos como todo lo que fue predicho en el pasado se cumple y para ello, para vivirla más plenamente, nos hemos preparado durante toda la cuaresma. Esto no puede cambiar, no puede ser diferente. Siempre celebramos lo mismo: la entrega gratuita y generosa de Cristo por cada uno de nosotros, por nuestros pecados y para nuestra salvación. Esto no cambia nunca, es inmutable.

Es verdad, las circunstancias que estamos viviendo no son normales, es más, son angustiosas y dramáticas debido a la pandemia que está asolando el mundo y que intentamos paliar con unas normas de conducta y sanitarias diferentes y especiales. Todo está enmarcado por protocolos, mascarillas, vacunas, distanciamiento y no sé cuantas cosas más que todos debemos respetar si queremos realmente que esto pase lo antes y lo mejor posible.

De estas, conclusiones generales, podemos continuar con nuestra reflexión, pero ahora, más centrada en nuestra parroquia de Alhaurín el Grande que es lo que conozco mejor:

  • Mirad, los días normales, de diario, cuando no hay intenciones por difuntos, nos juntamos en la iglesia, como mucho, treinta personas. Cuando hay intenciones, la celebración se complica porque todo el pueblo o muchos de ellos sienten la necesidad de «cumplir» con los familiares del fallecido. Para estas personas, lo importante no es la Eucaristía sino ese cumplimiento, ese dejarse ver por los familiares del difunto. Esta realidad que, imagino, suele pasar en muchas otras parroquias, nos lleva a preguntarnos sobre la importancia que estas personas le dan a la santa Misa.

Sin embargo, cuando llegan estas fechas tan señaladas y tan importantes para los cristianos, todo el mundo quiere estar, participar, de alguna forma cumplir y aquí surgen los graves problemas del aforo de la iglesia guardando el distanciamiento correspondiente.

Sin duda son fechas claves porque recordamos la entrega generosa de Jesús a la muerte por nuestros pecados y para nuestra salvación. Una verdad indiscutible pero….me pregunto: En las otras celebraciones que tenemos durante todo el año qué celebramos, que recordamos, que vivimos, que experimentamos? A quién escuchamos en la liturgia de la Palabra? A quién comulgamos? A quien rezamos? A quién le pedimos perdón y le pedimos que nos perdone?…

Esta realidad parece contradictoria porque parece que dejamos tiempo para nuestro Dios en fechas determinadas por la tradición y no por nuestra necesidad y fe en nuestro Señor. Pocas personas, me arriesgo a afirmar, saben el primer mandamiento de la iglesia que nos invita a participar de la misa todos los domingos y fiestas de guardar.

Esta realidad no sólo atañe al pueblo, hablando en general, sino que también nos incumbe a nosotros, sacerdotes y frailes y nos debe llevar a reflexionar sobre nuestros métodos pastorales y sobre la catequesis con la que alimentamos a nuestros fieles. A veces, creo, que nos limitamos a lo que se hizo siempre, tradicionalmente, enseñarles las oraciones tradicionales, pero, pocas veces, inculcándole ese sentido de pertenencia a la Iglesia, a sus mandamientos y preceptos. En este sentido, podría poner muchos ejemplos concretos y hasta nombres, pero no lo creo prudente ni mucho menos educado siendo siempre nuestra intención la de mejorar a nuestros fieles y nunca la de señalarlos, acusarlos o humillarlos públicamente.

Por tanto, esta Semana Santa no es que va a ser diferente, sino que tiene que ser obligatoriamente diferente: Diferente nuestra relación con Dios y su Iglesia; Diferente, la importancia que le damos a la Misa y a los sacramentos; Diferente, nuestro estilo evangelizador o catequizador; Diferente, nuestra actitud como sacerdotes que, a veces, exigimos lo que nosotros mismos no cumplimos…. y podríamos seguir enumerando lo DIFERENTE que debe ser esta Semana Santa para nosotros.

Ojala la Resurrección de  Jesús sirva para despertarnos de este estado de letargo en la que todos realmente resucitemos y seamos Nuevas creaturas, hechas a imagen de Dios y con un único propósito: ser buenos cristianos y miembros activos de la Iglesia.

Feliz Pascua de Resurrección para todos y que nuestro Señor nos conceda la gracia de vivir, realmente , de forma DIFERENTE esta Semana Santa donde Cristo debe ser el centro de nuestra vida y de nuestra fe.

     

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
DESTACAMOS

Reportaje. Misioneros en el siglo XXI: Parroquia Santa Mónica de Chota

Nicolás Vigo | Chota ha sido considerada, a lo largo …

ARTÍCULOS RELACIONADOS
COMENTARIOS