O Chamado à Santidade

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| Frei Fabio Freire Nôcal | Brasil | Estamos no mês de novembro este mês toca realidades importantes de nossa vida cristã: a morte e a ressurreição.
A Morte cristã no dia de finados. Celebrar este dia nos remete a realidade de que somos seres finitos nesta terra, sem apagar a realidade eterna. Esta vida deve ser entendida como parte de uma vida que é eterna e que se estende para além do espaço e tempo que conhecemos. O mistério da morte cristã é um apelo a busca da sabedoria. O salmista nos ensina a orar ao Senhor pedindo sabedoria para bem viver os nossos dias sobre a terra.
Ajuda-nos também o filósofo Sêneca quando ele faz sua reflexão sobre a brevidade da vida. O filósofo comenta a queixa de alguns de que avida é muito curta e que não dá tempo para fazer tudo que se quer. Ele responde que o problema não é o tempo, mas sim, o gastar inadequado do tempo de vida por parte do homem. A vida é longa o suficiente quando bem utilizada. Como administrar este tempo de existência?
Esta vida, utilizando as figuras de linguagem de Santa Teresa de Ávila, é uma sala anterior a sala do trono de Deus, ou seja, uma preparação para entrarmos na eternidade. Este é o tempo da graça santificante que nos prepara para estarmos diante da divina majestade. É o tempo da santificação.
O Papa Francisco, em sua Exortação Apostólica Gaudete et Exsultate – sobre o chamado à santidade no mundo atual,(leitura que recomendo a todos) faz uma reflexão sobre este chamado.
“O Senhor nos quer santos e espera que não nos resignemos com uma vida medíocre, superficial e indecisa” (GE 01).No capítulo primeiro da exortação o Papa Francisco nos recorda que os santos nos encorajam e acompanham em nossa caminhada. “Os santos que já chegaram à presença de Deus, mantém conosco laços de amor e comunhão” (GE 04).
O Senhor chama-nos a santidade. Ele estimula-nos por meio de seus sinais que estão presentes em nosso cotidiano. O testemunho de vida dos irmãos são alguns destes sinais. Por meio deles, Deus quer nos motivar na busca da realização do chamado feito por ele mesmo. Não nos equivoquemos acreditando que a santidade é obra exclusivamente nossa. A santidade não nos pertence e tão pouco é fruto exclusivo de nossos esforços. Ela é sinal da presença santificante de Deus na vida dos homens.
Deus santifica o seu povo pela ação do seu Espírito, por esta razão, precisamos desenvolver um olhar de garimpeiro, um olhar contemplativo. Um olhar que nos ajuda a ver além das aparências, superando nossos preconceitos. Um olhar que nos ajuda a superar o olhar soberbo que em algumas situações diminui e se recusa a reconhecer o valor e a dignidade do outro. Este
O Papa Francisco, nos fala dos “santos ao pé da porta” (GE 07), ou seja, as pessoas que estão ao nosso lado. A santidade de Deus se manifesta nelas. Elas se tornam lugar sagrado. Pensemos, pois, num duplo chamado: ser santo e a reconhecer a santidade de Deus no outro. A vocação à santidade não é vocação exclusiva para um grupo seleto, mas uma chamada a toda humanidade (cf. GE 14).
O Papa Francisco, ainda nos recorda em sua exortação que cada fiel tem um caminho próprio de santificação. É importante que cada um de nós entendamos nosso próprio caminho. Dentro desta descoberta podemos e trazer à luz o melhor de cada um de nós (cf. GE 11). O melhor que cada um de nós possuí é dom de Deus em nós; é o tesouro escondido em vasos de argila. Em uma última palavra é a santidade em nós. Sejamos santos, meus irmãos…

| ES | ESPAÑOL |

El llamado a la santidad

Estamos en noviembre de este mes toca realidades importantes de nuestra vida cristiana: muerte y resurrección.

Muerte cristiana el día del difunto. Celebrar este día nos lleva a la realidad de que somos seres finitos en esta tierra sin borrar la realidad eterna. Esta vida debe entenderse como parte de una vida que es eterna y se extiende más allá del espacio y el tiempo que conocemos. El misterio de la muerte cristiana es un llamamiento a la búsqueda de la sabiduría. El salmista nos enseña a orar al Señor por sabiduría para vivir bien nuestros días en la tierra.

El filósofo Séneca también nos ayuda cuando reflexiona sobre la brevedad de la vida. El filósofo comenta sobre la queja de algunos de que la vida es demasiado corta y que no hay tiempo para hacer todo lo que uno quiere. Él responde que el problema no es el tiempo, sino el gasto inadecuado del tiempo de vida del hombre. La vida es lo suficientemente larga cuando se usa bien. ¿Cómo gestionar este tiempo de existencia?

Esta vida, usando las figuras retóricas de Santa Teresa de Ávila, es una sala ante la sala del trono de Dios, es decir, una preparación para que entremos en la eternidad. Este es el tiempo de la gracia santificante que nos prepara para enfrentarnos a la majestad divina. Es el tiempo de la santificación.

El Papa Francisco, en su Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual (una lectura que recomiendo a todos) hace una reflexión sobre este llamado.

«El Señor quiere que seamos santos y espera que no nos resignemos a una vida mediocre, superficial e indecisa» (GE 01). En el primer capítulo de la exhortación, el Papa Francisco nos recuerda que los santos nos alientan y nos acompañan en nuestro viaje. «Los santos que ya han venido a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión» (GE 04).

El Señor nos llama a la santidad. Nos estimula a través de sus signos que están presentes en nuestra vida diaria. El testimonio de la vida de los hermanos son algunos de estos signos. A través de ellos, Dios quiere motivarnos en la búsqueda del cumplimiento de su propio llamado. No nos equivoquemos al creer que la santidad es solo nuestro trabajo. La santidad no nos pertenece, ni es el resultado exclusivo de nuestros esfuerzos. Es una señal de la presencia santificadora de Dios en la vida de los hombres.

Dios santifica a su pueblo a través de la acción de su Espíritu, por lo que necesitamos desarrollar una mirada de prospección, una mirada contemplativa. Una mirada que nos ayuda a ver más allá de las apariencias, superando nuestros prejuicios. Una mirada que nos ayuda a superar la magnífica apariencia que en algunas situaciones disminuye y se niega a reconocer el valor y la dignidad de los demás. Este

El Papa Francisco nos habla de los «santos junto a la puerta» (GE 07), es decir, las personas que están a nuestro lado. La santidad de Dios se manifiesta en ellos. Se convierten en un lugar sagrado. Pensemos, entonces, en un doble llamado: ser santo y reconocer la santidad de Dios en otro. La vocación a la santidad no es una vocación exclusiva para un grupo selecto, sino un llamado a toda la humanidad (cf. GE 14).

El Papa Francisco también nos recuerda en su exhortación que cada creyente tiene su propia forma de santificación. Es importante que cada uno comprenda nuestro propio camino. Dentro de este descubrimiento podemos sacar a la luz lo mejor de cada uno de nosotros (cf. GE 11). Lo mejor que cada uno de nosotros tiene es el regalo de Dios en nosotros; Es el tesoro escondido en vasijas de arcilla. En una última palabra, la santidad está en nosotros. Seamos santos, mis hermanos …

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