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Entrevista a fray Pedro Merino: «Tenemos que bajar los humos y armarnos de humildad para no creernos dioses»

El monasterio abrirá sus puertas al turismo el 1 de julio

Por fray Nicolás Vigo |El monasterio de San Millán de la Cogolla se encuentra rodeado por los montes del municipio de San Millán, en La Rioja (España), apartado de las grandes ciudades y envuelto en un entorno de silencio y soledad.

Durante la pandemia, la comunidad de frailes Agustino Recoletos que viven en el monasterio, no se vio afectada; más bien, el estilo de vida monacal que llevan en él, resultó beneficiada.

Recoletosstv.com quiso saber cómo estos frailes han vivido esta pandemia, que asola al mundo entero. Para ello conversamos con el prior de la comunidad, fray Pedro Merino, quien también nos comentó sobre sobre el futuro del turismo que ofrece este monasterio, por ser «Patrimonio cultural de la humanidad».

  • Fray Pedro, ¿Cuántos religiosos conforman la comunidad actual y qué edades tienen?

La comunidad religiosa del Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla la componemos 10 religiosos, incluido monseñor José Carmelo Martínez Lázaro, obispo de Cajamarca, que disfruta entre nosotros de un año sabático, para reponer sus fuerzas y tomar nuevo impulso. Comparte con nosotros todos los actos comunitarios y vive la vida agustino recoleta como en sus mejores tiempos de profeso. Nos alegra su presencia y agradecemos su disponibilidad. Por nuestra parte, hacemos todo lo posible para que se sienta querido como hermano. Por sus gestos de confianza y la paz de que disfruta estamos seguros de que así lo siente. Gracias, monseñor por habernos elegido para este tiempo de encuentro.

Lo de nuestra edad es algo muy relativo, porque lo que de verdad cuenta en nuestra actitud positiva, abierta y acogedora. Por si alguno tiene interés en la estadística, nuestra edad está dentro de una horquilla que va entre los 50 largos, el más joven, y los 90 incoados, el menos joven.

  • San Millán de la Cogolla es «Patrimonio cultural de la humanidad», ¿Cómo llevan este título?

Nos encanta sabernos “Patrimonio de la humanidad”. Y esto del “Patrimonio” nos lo hemos tomado muy en serio, no sólo en lo que afecta al monasterio, en el que al visitante le servimos arte, cultura, historia, religiosidad y le explicamos la importancia decisiva de la Glosas emilianenses. También nos sentimos “Patrimonio de la orden”, como herederos de una historia de la orden que pasa solemnemente por este monasterio desde 1878 en que pisaron estos claustros los primeros agustinos recoletos con fray Íñigo Narro y Mons. Toribio Minguella, como primeros priores al frente de una misión que fue tomando cuerpo hasta llegar a la realidad de hoy. Historia que arraiga en 1908 con la celebración en este monasterio del Capítulo general de la congregación en el que resultó elegido vicario general fray Enrique Pérez. Una placa de mármol en la sacristía da fe de un acontecimiento tan importante. Por esto y por lo que representa hoy este monasterio para el mundo y para la orden de agustinos recoletos nos sentimos “Patrimonio de la orden”.

  • La pandemia en España ha sido dura: miles de infectados y muertos. ¿Cómo ha vivido la comunidad esta realidad?  

Para todos ha sido un golpe inesperado y muy duro. Hemos vivido la pandemia sobrecogidos, muy atentos a su evolución y con dolor. Aunque el contagio no haya llegado hasta nosotros (gesto que agradecemos al Padre y a nuestro patrón san Millán) desde el primer momento hemos asumido como nuestro este dolor universal. Hemos cumplido las normas de confinamiento con el mejor sentido de colaborar con la salud de todos y nos ha ido muy bien. Ningún religioso ha sentido el menos problema.

La vida comunitaria ha salido beneficiada en esta prueba. El hecho de permanecer todos en el monasterio nos ha permitido celebrar juntos la eucaristía todos los días, incluidos los domingos y festivos en que habitualmente los párrocos celebran en sus parroquias. La semana santa y triduo sacro han sido momentos de especial relevancia, pues nadie recuerda haberlos vivido tan comunitariamente.

Por otra parte, para nosotros el estar confinados en el monasterio no ha supuesto una carga, porque disponemos de espacios muy amplios dentro de nuestros dominios. Hemos podido pasear y movernos con perspectivas preciosas y con un verde exuberante gracias las lluvias abundantes. Hasta nosotros llegaba el clamor de la gente confinada en sus casas, sin que nos afectara a nosotros.

  • ¿Qué han hecho en el monasterio durante este tiempo?

Precisamente por esta circunstancia adversa hemos podido hacer muchas cosas que no nos resulta fácil garantizar con el ritmo ordinario. Hemos tenido mucho tiempo libre a nuestra disposición y lo hemos aprovechado. No era cuestión de levantarse más tarde, por ausencia de tareas, ni de mirar por la ventana, para sentirse libres, sino de saber estar dentro ocupados en lo que hay que hacer. Además de participar en los actos comunitarios, que no han sufrido ningún cambio, cada uno ha administrado su tiempo según su propio criterio y necesidades. Alguno ha interpretado como providencial esta oportunidad. Ha llegado la hora de revisar carpetas, archivos y muchas “cosas” almacenadas y dormidas en la pereza. Un sitio para cada cosa, y cada cosa en su sitio. Hemos descubierto que “otro orden es posible” y que lo que no se utiliza en tres o cinco años ocupa un lugar que no le corresponde. Da gusto ahora ver algunos despachos o almacenes. Están irreconocibles, los personales y los comunitarios.

Sin hacernos ilusiones, hemos tenido en cuenta que organizar y poner orden en el “espacio exterior” ya es un logro, que está a la vista. Pero eso es poco. Hemos tocado en la puerta del “hombre interior”; ahí está lo realmente importante, donde nos jugamos nuestra identidad. También hemos tenido tiempo para ello. ¿Hasta dónde hemos llegado? No disponemos de medidor de intensidad o fidelidad al Espíritu. Al menos nos sabemos conectados y, por nuestra parte, estamos dispuestos a escuchar. A este empuje o llamada de atención vamos a darle tiempo. Sí tenemos claro que “no hay mal que por bien no venga”.

Los religiosos párrocos, que atienden los pueblos vecinos del Valle y Villar de Torre, han procurado hacerse presentes sobre todo por los medios a sus feligreses, para alentarlos y animarlos, sobre todo a los que viven solos os están enfermos.

  • ¿Cómo ha impactado esto en la salud emocional de los religiosos?

No he percibido impacto en el sentido negativo de que alguno se ha visto afectado por desajustes emocionales. El hecho de la pandemia, como realidad externa, más bien ajena, no ha quebrado los sistemas personales. Ha sido como una alarma, que te avisa de que algo grave está cerca, pero que a ti no te toca. Hemos tenido la sensación de una prudente seguridad y hemos vivido tranquilos.

Esa paz no nos ha hecho insensibles ante el dolor ajeno, sino agradecidos a quienes nos han llamado para interesarse por nosotros: padre provincial y vicario, de otras comunidades, familiares y muchos seglares que se relacionan con nosotros. A estos gestos hemos correspondido con llamadas y nuestro recuerdo y oración ante el Señor. Gracias a todos.

  • Sabemos que el monasterio es «cuna de la lengua castellana» y que el turismo es intenso. ¿De qué manera ha afecta a su economía?

Las visitas al monasterio fueron canceladas el 13 de marzo, como medida ante el aviso de peligro de infección por la COVID -19. Esta prudencia tal vez nos libró del contagio. Está claro que el cierre del monasterio supone la eliminación más importante de ingresos para la comunidad. Pero era una medida necesaria, por lo que la tomamos con decisión. Ante todo, la salud propia y ajena, ambas estaban en juego. Para reducir el impacto económico por la falta de ingresos por turismo, nos acogimos a la normativa legal que nos permitía registrar en el ERTE a las personas que prestan sus servicios como guías y limpieza del monasterio. Ha sido una gran ayuda. En todo caso, desde el primer momento el padre vicario provincial y el ecónomo de la vicaría se han adelantado a tranquilizarnos, ofreciéndose como garantes de la economía.

  • ¿Cuándo volverán a abrir el monasterio para recibir a los turistas?

Para tomar una decisión contrastada y objetiva, hemos estado en contacto con otros monumentos de La Rioja y hemos seguido el ritmo de la entrada en la “nueva normalidad”, es decir, que se permitiera la libre circulación entre comunidades, lo que de alguna forma garantiza la venida de turistas. Abriremos de nuevo el monasterio a las visitas turísticas el 1 de julio de 2020. Comprendemos que, de momento, al principio, las visitas no serán masivas. Pero asumimos el reto como servicio a los posibles visitantes, a quienes no queremos privar de un punto importante de destino. Somos “Patrimonio de la humanidad” y eso es un reclamo para muchos visitantes.

  • ¿Qué lección sacan los frailes sobre esa pandemia?

Cada uno sacará la suya. Pero hay una que está clara y que se ha hecho viral en las redes: No somos dueños de la vida; es un regalo de Dios, que debemos cuidar y administrar con esmero. Algo aparentemente insignificante ha puesto en jaque al mundo y ha traído dolor y muerte sin respetar culturas, razas ni saberes. Tenemos que bajar los humos y armarnos de humildad, para no creernos dioses. Y, sobre todo, alzar la vista, para restablecer la comunicación con Dios, el Padre de la vida.

Las consecuencias de la pandemia han sido demoledoras por las muertes y el dolor que ha acarreado. Y el mal no acaba ahí; seguirá afectando durante años social, económica y humanamente a millones de personas que han perdido su trabajo, su empresa, su forma de vida. Todo este daño y dolor ¿serán suficientes para tomarnos en serio la vida, el ritmo y desorden con que vivimos? ¿Seremos capaces de cambiar nosotros, para que cambie el mundo? Nada cambiará, si nosotros no cambiamos. Desde la fe, no cabe duda de que Dios ha hablado fuerte. Él sigue estando ahí y espera que atendamos su llamada, una más. La respuesta es de cada uno.

  • La pandemia ha llegado a América Latina para quedarse. ¿De qué manera observan ustedes esta realidad?

No podemos evitar la preocupación, ante los efectos entre nosotros. Y, al mismo tiempo, abrimos una ventana a la esperanza. Pedimos que os sea leve.

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La cultura y la historia de San Millán reabren sus puertas julio 1, 2020 at 4:12 pm

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